¿Disfrutas trabajando a tope en un Equipo de Alto Rendimiento?

¿Percibes en tu equipo que las personas disfrutan trabajando duramente? ¿O la mayoría se arrastran  a lo largo del día, quejándose de la carga de trabajo o sobre la descabellada organización del jefe? Si esto último es el caso  definitivamente no trabajas en un Equipo de Alto Rendimiento (EAR).

Según Lee, Buchholz y Roth un EAR se caracteriza por el compromiso auto-generado,  acuerdos por consenso, un número saludable de  conflictos y de creatividad, excelentes habilidades de comunicación y “empoderamiento” grupal. La carga de trabajo no importa.

Alcanzar estas características no significa que los miembros del equipo tengan que romperse las  espaldas. Si el objetivo de un gerente o empresa es alcanzar mayores niveles de rendimiento conviene asegurarse que sus miembros perciban que la carga de trabajo y las expectativas de  resultados se relacionan directamente con la autonomía individual y de equipo, con el orgullo, la satisfacción, el reconocimiento y el bienestar general. En este contexto, los integrantes del equipo muy probablemente adoptarán una "mentalidad de crecimiento" (Growth Mindset), como lo describe Carol Dweck, y alcanzarán  un rendimiento superior.

Nada nuevo en realidad. Las investigaciones de Karasek y Theorell en los años 90 demostraron ampliamente que si existe un buen equilibrio entre la carga de trabajo, la autonomía y  el correspondiente apoyo, los miembros del equipo experimentaran menos estrés y lograran mayor productividad, mas satisfacción y, de paso, mejoras de su salud. Aun con bajos niveles de experiencia, este es el "gran secreto" detrás de los EAR.

Un equipo puede contar con miembros altamente cualificados, recursos suficientes y buenas estrategias de negocio. Sin embargo, el desarrollo del potencial puede verse bloqueado por las habilidades deficientes de comunicación, autonomía reducida, confianza limitada ó escaso apoyo.

No es tan complicado en realidad empujar a un equipo hacia el alto rendimiento. La lista de actividades concretas para lograrlo es interminable! Druskat y Wolff, expertos en comportamiento organizacional, recomiendan, entre otras, estas tres prácticas:

1. Dedicar tiempo a que los miembros del equipo aprecien las habilidades de cada quien.

2. Poner sobre la mesa las preocupaciones emocionales que pueden ayudar o bloquear el progreso del equipo. (Ventilar conflictos abiertamente con una orientación a soluciones)

3. Celebrar los éxitos. (Un desayuno especial para cualquier logro del equipo).

Podríamos añadir muchas más:

4. Delegar tareas difíciles a miembros del equipo con poca experiencia (proporcionando apoyo)

5. Dar formación muy práctica en habilidades de comunicación vertical y horizontal.

¡Cualquier otra sugerencia es bienvenida!

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