¡Que curso mas tonto!

Durante la preparación de un proyecto de formación sobre toma de decisiones y emociones  entrevisté a tres gerentes de la empresa para conocer mejor sus necesidades y expectativas en torno a los contenidos propuestos y los métodos de aprendizaje. Uno de ellos me hizo pensar acerca de cómo perciben y aprovechan los participantes lo que él llamó "metodologías alternativas", refiriéndose a las dinámicas de juego, simulaciones o situaciones paradójicas en lugar de fórmulas más directas para facilitar los aprendizajes de habilidades y competencias.

Me comentaba que no le gustaban "los juegos y tonterías de esas..". "El valor añadido de los talleres de ese tipo que he hecho". me dijo, "es nulo". "Un día", continuó, "nos hicieron tamborilear durante casi una hora, ¡por favor!". Comentó también que en otro taller tenían que hacer malabares, "¿Te parece normal? ¿Sabiendo que soy el responsable del departamento financiero?", "Para mí esas cosas son una pérdida de tiempo..."

Recordé entonces el reciente comentario de un amigo, no exactamente alguien a quien le resulta fácil de trabajar en equipo. Fue a un curso de comunicación en el que tenía que cocinar un plato especial en colaboración con un compañero que no conocían. "A mí me tocó el tonto del grupo", me dijo, "no sabía nada de cocinar, en lugar de escucharme, iba a su bola y todo lo que hacía ¡era un desastre!, no sabía ni cortar una cebolla de manera adecuada......", al final decidí dejarlo, cada uno cocinó su plato y listo, ¿que me aporta este tipo de cursos?,¡por favor!".

¿Tenía razón? ¡Probablemente sí!

Está comprobado que aprender y cambiar a través de dinámicas vivenciales que diviertan y capturen la atención hacia un tema es una metodología muy efectiva. ¡Si los formadores no hacemos bien la segunda de estas dinámicas, el resultado puede ser desastroso!

Dirigir juegos o simulaciones es la parte fácil de un curso para el facilitador.

Tener muy claros los puntos de reflexión posteriores a la dinámica, "forzar" a los participantes a profundizar en lo que han experimentado y en como lo van a reflejar en ejemplos concretos de su trabajo, es el gran reto si se quiere traspasar la fase del juego y ganar la confianza de todos para que lleven a la práctica lo aprendido.

Si no logramos la reflexión posterior y el momento "¡mmmhh!" hemos fallado en nuestra función como facilitadores de cambio.

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